Por Bruno Lemonnier / EL INFORME-periodismo científico-
Ciudad de México, México.

Hoy 22 de abril se conmemora el día internacional de la Tierra, y aunque el virus nos mantiene apartados del mundo en nuestras casas, lo mínimo que podemos hacer es estar informados de lo que ocurre en el mundo. En las últimas semanas la COVID- 19 ha acaparado casi el total de las notas, reportajes, artículos y todo contenido periodístico. Quizá también hemos leído sobre la reciente caída del precio del petróleo y la reacción de la OPEP y la crisis de los países productores. Pero en estos días han ocurrido otros eventos catastróficos que igualmente son preocupantes. Mucho se habla de las consecuencias de la crisis que esta pandemia provocará en unos meses, pero las consecuencias climáticas podrían ser aún peores en un largo plazo.

 

El año pasado registró una cantidad monumental de incendios, el mundo ardió en llamas; en Siberia por primera vez se detectaron incendios de grandes proporciones (se consumieron alrededor de 2.5 millones de hectáreas en 2019), la selva del Amazonas, la más importante y desgastada del mundo, se vio infestada por las llamas (en agosto del año pasado, se registraron 30.901 incendios forestales, casi el triple de los que se anotaron en el mismo período en 2018 ) así como los incendios en Indonesia, África Central y Australia. Por supuesto que México no es la excepción: se registraron, según la Comisión Nacional Forestal, 7,410 incendios que ardieron a nivel nacional.

 

 

 

 

 

 

 

Imagen 2: Incendios detectados entre agosto de 2018 y agosto de 2019. Fuente: Pierre-Louis, K. en New York Times. (2019, agosto 30). Siberia, Indonesia, la Amazonía: un mundo en llamas.

Los bosques más deforestados en el planeta se encuentran en Brasil, República Democrática del Congo e indonesia. En este último país se realizó una importante investigación por parte de una asociación internacional llamada Center for International Forestry Research (CIFOR)[1] donde se explica cómo las especies vertebradas de los bosque de Borneo fueron directamente afectadas por la intensa explotación forestal. A corto plazo, se modificó el hábitat forestal y el comportamiento de los animales, por ejemplo, hubo cambios que afectaron a las aves en actividades como alimentarse, anidar o reposar; y también se han vulnerado animales que no gustan del suelo y que dependen de las ramas para alimentarse. El estudio se realizó en 2005.

 

 

Con la degradación forestal se produce una modificación del hábitat y además puede llevar a un aumento en el riesgo de incendios, invasión de especies exóticas y malezas, suelos.deteriorados y un aumento en la carga de sedimentos de los ríos. El estudio reveló una reducción de la fauna y se atribuye directamente a la explotación forestal. Hago un pequeño paréntesis aquí para mencionar que el origen del COVID-19 está ligado a este problema. En 2016, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) informó sobre el aumento de las epidemias zoonóticas, específicamente, señaló que 75% de todas las enfermedades infecciosas emergentes en humanos son de origen animal y que dichas afecciones están estrechamente relacionadas con la salud de los ecosistemas. “Al cambiar el uso del suelo para los asentamientos, la agricultura, la tala o las industrias y sus infraestructuras asociadas, se ha fragmentado o invadido el hábitat de los animales. Se han destruido zonas de amortiguamiento naturales, que normalmente separan a los humanos de la vida silvestre y se han creado puentes para que los patógenos pasen de los animales a las personas”, se puede leer en el portal de UN Environment

¿Qué tan preocupante es el panorama ambiental? Otro estudio interdisciplinario publicado en 2013 en el journal de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos  sugiere que las actividades de incendios forestales han incrementado dramáticamente en el Ártico, donde se ha observado que los incendios recientes han superado el régimen del fuego total de los últimos diez mil años. A través de un análisis paleo-ecológico del carbón sedimentado (utilizado para cuantificar la frecuencia de incendios y la biomasa consumida a través del tiempo), se ha evidenciado que la frecuencia de incendios en las últimas décadas es la más alta que en cualquier otra época debido a las condiciones climáticas de sequía que han favorecido los incendios, ya que el Ártico se está calentando dos veces más rápido que el resto del planeta, además de la proliferación de vegetativos flamables que ayudan a la expansión del fuego.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿De dónde provienen estos incendios? En todo el mundo se ha reconocido a la agricultura migratoria como una de las principales causas de deforestación en la región. Una de las prácticas agropecuarias más comunes es el uso del fuego para limpiar el suelo, ya que es una manera barata y eficiente en época de estiaje. Muchos de los incendios provocados son consecuencia de estas prácticas ya que usualmente se salen de control y causan los incendios forestales. Estos campos, después de quemados, se utilizan para el pastoreo del ganado.

El panorama para 2020

Salvar a todo el mundo desde nuestras casas parece una tarea compleja. ¿Qué podemos hacer por los bosques en África o Siberia? Bueno, ahora parece difícil hacer algo, pero podemos informarnos sobre lo que pasa a una escala más inmediata: En México, país desde donde escribo, ha comenzado la temporada de incendios. El informe de CONAFOR más reciente (registro del 1° de enero al 16 de abril) se han registrado 2,111 incendios forestales en 28 entidades federativas, afectando una superficie de 42,198 hectáreas, muchos de ellos en zonas protegidas, siendo los más dramáticos en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey, en el Área de Protección de Recursos Naturales en Nayarit  en el Parque Nacional Cañón del Río Blanco, en Veracruz y en el Parque Nacional Cañón del Sumidero en Chiapas,

No muy lejos de aquí, en el Amazonas la tragedia parece no acabar: Según el Instituto Sinchi, este marzo registró 12.958 puntos de calor en la Amazonia, cifra que en el mismo periodo de 2019 fue de apenas 4.691. La Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia (Corpoamazonia), declaró que las mafias están aprovechando las medidas de confinamiento por el coronavirus para quemar y tumbar más bosque. Por su parte, el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales declaró que el desmantelamiento de la selva amazónica creció en 29,9%, también en marzo, comparado con los datos del mismo periodo en el 2019.

¡Qué calor!

Según el servicio europeo Copernicus, el periodo de enero-marzo del 2020 fue más caluroso jamás registrado en nuestra querida Tierra. Y 2020 promete para entrar en el top 5 de los años más calurosos(en términos generales, 2019 fue el segundo año más cálido jamás registrado, solo 0,04°C menos que 2016, el año más caliente registrado): “Es casi seguro que el año 2020 se ubicará entre los cinco años más cálidos registrados. La temperatura global de la superficie terrestre y oceánica durante los primeros tres meses del año fue cercana a romper récord, con una desviación de la temperatura promedio de + 1.15°C. Enero-marzo de 2016 fue más cálido en 0.08°C” declaró el Centro Nacional de Información Ambiental (NCEI) de la NOAA en su informe mensual sobre el clima global.

 

 

 

 

 

 

 

Estos fenómenos están todos ligados entre sí: el cambio climático, la degradación forestal, los incendios, enfermedades zoonóticas. ¿el punto común? La salvaje explotación forestal. Del bosque obtenemos toda clase de insumos: alimento, agua, madera, materias primas para ropa, minerales, etc. Sabemos que es difícil cambiar el rumbo de las cosas, de modificar nuestros hábitos de comportamiento; y aunque existen numerosos tratados y asociaciones internacionales para regular la explotación forestal y monitorear la evolución del cambio climático, aún nos queda un largo camino para comprender que no basta declarar un día para salvar el planeta. Y ya hemos empezado a lidiar con algunas consecuencias: estamos enfrentando una pandemia en todo el mundo, encerrados con un calor insoportable desde casa mientras los bosques arden. De igual manera, ¡¿feliz 22 de abril?!

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